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Ejercitarme con otros…

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Desde la experiencia… abriendo horizontes

Hace unos tres meses, en una conversación por Skype, me comprometí con un compañero del servicio por un Mundo Mejor a ayudarles a realizar la experiencia del Itinerario “a la escucha de los signos de los tiempos”.
El haber dicho sí, en el marco de una simple conversación amigable, para mí supuso ponerme a pensar en lo que eso suponía. Había que ir a otro Continente, concretamente al Perú, lo que a cierta edad ya no me movía la curiosidad o el interés y, además, ya había estado otras veces. Pero lo que realmente empezó a preocuparme, después de la conversación, eran las personas que iban a participar en el encuentro. Eran agentes de pastoral de diferentes jurisdicciones pastorales -diócesis, vicariatos, prelaturas- que venían reuniéndose anualmente para habilitarse y profundizar el proyecto de renovación y evangelización diocesana.
A mí se me invitaba a hacer una experiencia de un Itinerario cuya base es la vivencia y experiencia personal, como punto de partida. Sentía la inquietud que si no se les informaba adecuadamente iba a ser sin duda una sorpresa, pero podía darse un conflicto de intereses -que no debiera darse, pero de hecho se sigue dando- entre la acción pastoral y la espiritualidad. Entre, por una parte prestar atención al hacer y por otra al ser.
En la iglesia universal se sigue haciendo por un lado los ejercicios espirituales y otro la preparación para la acción pastoral y, curiosamente, se sigue viendo como la cosa más normal.
Para mí queda una cuestión pendiente ¿cómo lograr la unidad de vida y acción?

La clave está en que espiritualidad sea el centro de la vida de la persona.
Fui aplazando el tiempo para enfrentarme a la preparación del encuentro. Pasadas las navidades decidí, pues la cita era el 29 de enero, que había llegado el tiempo. Encontré dos días en los que pude tomar el tiempo suficiente para dedicarme a ello. Pronto me vino la idea de proponer un tiempo introductorio que ayudara a crear las mejores condiciones posibles para vivir la experiencia espiritual. En el proceso de mi reflexión y de los diálogos sostenidos con compañeras y compañeros comprendí que, dado el tiempo disponible, podrían facilitar estos tres núcleos, siempre y cuando se compartieran de forma experiencial: El primero era la espiritualidad como raíz de un nuevo tipo de relaciones y base de la pastoral. La espiritualidad es la capacidad que tiene toda persona de percibir la dimensión profunda y última de lo real y vivir en coherencia con ello. El segundo elemento era vivir desde dentro, es decir, mirarse en profundidad hacia el interior y desde ahí mirar hacia el exterior. Quien vive desde dentro se sabe diverso, pero, a la vez, se siente unido a todo. Finalmente el tercer núcleo era el intercambio espiritual como cambio recíproco de la palabra entre dos o más personas, cuyo interés se centra en la aspiración a una vida más digna y auténticamente humana que, a su vez, abra al Espíritu de Jesús presente en todas las personas y todas las cosas.
Los pasos previos tal como los había previsto me ayudaron a estar más atento a la situación personal de los 35 personas participantes. Pude percibir cómo las personas que habían recibido información antes del encuentro estaban más abiertas e interesadas en vivir la experiencia; mientras que otras que no habían recibido información alguna, junto a las que venían de otro encuentro tenían mayor dificultad y se sentían desorientadas poniendo en marcha el mecanismo de la sospecha, sobre todo al comienzo.
La experiencia me ha confirmado que es prudente y positivo el hecho de haber una preparación previa antes de iniciar la experiencia a la escucha de los signos de los tiempos, lo que supone tener en cuenta la situación de las personas que vayan a participar.
Al final del encuentro les pregunté directamente a los participantes si los pasos previos les habían ayudado a introducirse en la experiencia de la escucha de los signos de los tiempos, a lo que respondieron, casi por unanimidad, de manera afirmativa.
La experiencia de la escucha de los signos de los tiempos transcurrió por estas cinco pistas que, mediante el intercambio en cuatro grupos, fueron vividas no de manera lineal sino que se retroalimentaban por el intercambio, el ir tomando conciencia y sentirse más libres de expresarse. Algunas personas les costó mucho entrar en su vida cotidiana, al inicio pusieron su atención en su profesión o en su rol, pero después en el transcurso de intercambio fueron descubriendo que su “ser” único está en su cotidianidad. Es curioso constatar cuanto nos cuesta reconocer y acoger nuestra vida cotidiana, precisamente lo que es más original y que nos permite sentirnos más humano entre los humanos.
Estas son las cinco pistas que recorrimos en una dinámica de intercambio personal con espacios de silencio y escucha personal, de comunicación sincera y abierta, de celebración y escucha del Espíritu del Señor:
1. Vivir desde la propia vida cotidiana, es decir, lo que soy, siento, sufro, gozo, me preocupa, me desorienta… y no tanto desde lo que hago y menos desde lo que dicen.
2. Intercambiar con otras personas que buscan y quieren una vida más profundamente humana en el contexto cultural, social y religioso.
3. Reconocer y acoger la presencia del Espíritu de Jesús que, con otros testigos, nos anima a vivir una vida plenamente humana y solidaria.
4. Discernir los signos de los tiempos en mí, en las demás personas, grupos, sociedad, cultural… y, ahí, reconocer al Espíritu del Señor que con nosotros hace nuevas todas las cosas. Este discernimiento me ayuda a vivir en el presente
5. Unirme al dinamismo de humanización que se está dando en nuestra sociedad, en la Iglesia, en el mundo que sin duda está haciendo posible una nueva humanidad.
Considero esta experiencia viva de original. La originalidad radica en el hecho de haber participado como una persona más en ejercitarme con otros…. En un Itinerario no es conveniente quedarse en el rol de animador o proponente, lo cual sería quedarse como espectador al margen de lo que se está viviendo y del dinamismo del intercambio.
El hecho de que el encuentro venía realizándose desde hacía años, el número de participantes, junto al hecho de que bastantes de las personas no se conocían nos llevó a tomar la decisión de formar cuatro grupos para facilitar la participación y comunicación más personalizada. Para mí queda abierta la cuestión: ¿no es más conveniente que haya un solo grupo, siempre que el número de personas no sobre pase de veinte?
Confieso que he sentido el gozo de intercambiar en la diversidad cultural, en la riqueza de edad, vocaciones, profesiones y, sobre todo, a la hora de practicar “el oficio de ser humano”.

3 comentarios para “Desde la experiencia… abriendo horizontes”

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