Lo que yo viví en la casa de retiros “Tabor”, Santa Eulalia – Lima

Desde la acogida se vislumbraba el inicio de una experiencia religiosa que marcaría nuestra convivencia y nuestra vida. Aquella vida que lleváramos, a partir de estos días concluiría; daría un nuevo rumbo o dicho en términos de lo compartido: es un reinicio.

Reiniciar implica para mí: Sentir y asimilar que la espiritualidad si no es profética (anunciar y denunciar) no es espiritualidad. Asimismo remarcar que la fe no es una afirmación, es un acto de confianza. Confiar ¿en qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Durante el recorrido de los días reunidos iba dando respuesta: confiar en uno mismo –al resonar en el evangelio “Tu fe ha salvado”-; con total depósito de la esperanza y aspiración, sin dudas, sin vacilaciones, firmes, valientes y persistentes. En cada momento, en cada ocasión que la necesidad apremia. Sí, la necesidad de hallar tras una búsqueda consciente, inteligente, sencilla y sentida hasta la emoción y la decisión que irrumpe más allá del bullicio, de ir contra la corriente, de lo establecido, de lo que ya está pensado, inclusive de una actitud en la que puede estar implícita la creatividad. Entender que la fe no conduce finalmente al templo –construcción-, sino al centro mismo de la existencia: la vida. Aceptándola esta no como “algo” que me pertenece más bien (y mucho más verdadero) como “algo” que es donado.

Oír expresiones como: “Ni subjetivo, ni objetivo, añadir la interactuación” y la primera interactuación es con uno mismo para que verdaderamente, sea una vida vivida desde dentro y no desde lo que se me dice, manda o impera. Hacer de mi vida y no lo que debe ser de mi vida. He aquí, reiniciar. Reiniciar ya no como modo de vida, mejor como el estilo de vida de Jesús.

Jesús no vive ya fuera de mí, lo he aceptado, reconocido y asumido. Él está dentro de mí (rebosa en mi interioridad) y emerge desde muy dentro: del corazón, desde la esencia de mi constitución, desde el ser que se hace realidad al compartir y compartirlo. Dando con calidad y no caer en el mucho hacer y poco ser. Ha quedado registrado en mí que al compartir el diálogo interior (luego de escudriñar en y con la Palabra) me hago bien a mí mismo y a los demás.

No puedo introducirme en mi propia interioridad y salir como si nada pasara, siento el llamado de ser fiel a mí (misma persona), practicarlo a menudo, hasta llegar a ser la mejor versión de mí mismo. Esta respuesta me hace amigo de mí mismo.

Valoro también esta realidad: “Lo que nos mueve no son las ideas, son los deseos y los afectos” y cuando los expresé pude sentir que nadie más los puede gestionar y controlar sino yo. Descubrimiento muy significativo en el encuentro con los hermanos: P. Ignacio y el grupo de trabajo simbólicamente coincidente con la nominación del numeral “UNO” y digo coincidente porque es por ahí el reiniciar por uno mismo, en primera e impostergable persona, hasta llegar a ser la verdadera expresión de ese uno.

La cosmovisión, el cultivo de la verdad, la interioridad y la pastoral decantan en un proyecto de vida que he de asumir desde mi yo, en franca tolerancia a los demás, teniendo en cuenta la escucha recíproca (de mí y de los demás) y el destinatario final que es preponderantemente la persona, mi hermano.

Se me ha develado el camino, ser uno mismo, hacia la interactuación con los demás hasta conectar Vida-Fe-Acción.

Wilson Rafael Dávila

Un comentario en “Lo que yo viví en la casa de retiros “Tabor”, Santa Eulalia – Lima

  1. Lo que tú viviste, amigo mío, en casa de retiro Tabor, refleja el sentir más profundo de la vida cristiana.- Me parece que lo explicas bastante bien, al menos, así lo entiendo yo.- Esta mañana estuve un tiempo relativamente largo y sin prisas, en mi parroquia, ante el Santísimo, recordaba aquella frase que leemos en Génesis 28, 16: «El Señor está aquí y yo no lo sabía», palabras que Jacob pronunciará en su momento; iba desmenuzando pausadamente su contenido, mientras la realidad se cernía y enraizaba en lo hondo del alma.- La conclusión no puede ni debe ser otra que verme -vernos- ante Jesucristo el Señor, como somos, tal cual somos, descubrir el fondo de nuestras propias miserias, así encontramos la luz, encontramos la vida.- Entonces comprobamos haber descubierto ante él, eso, que somos poca cosa.- En él, en Jesús, lo somos todo, pero esto hay que sentirlo y vivirlo; de ahí que debemos pedirlo.- Reiniciar nuestra andadura siempre es conveniente y saludable.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.