La espiritualidad prevalece a la pastoral

Generalmente la renovación eclesial comienza por las actividades pastorales. Nuestro servicio por un Mundo Mejor ha querido siempre contribuir a la renovación de la Iglesia y a la transformación de una sociedad más justa y fraterna. A mediados de los ochenta, en el siglo pasado, el grupo promotor hizo una opción por renovar la pastoral mediante proyectos que tenían la intención de ser una renovación global e integral de la parroquia, de la diócesis, de la vida religiosa, de la juventud, de la familia.

Desde siempre los cambios pastorales comienzan por ahí. Cambian los métodos y contenidos de la evangelización, de la educación  cristiana. Cambia la liturgia: se adopta la lengua local, algunos ritos y símbolos, se toman medidas para una participación cada vez mayor, etc.

Tal vez algunos pensaron que la renovación de la Iglesia y de la sociedad era sólo eso. Tener un buen proyecto. Pero pronto algunos nos dimos cuenta que el cambio institucional y funcional, por sí solos, se revelaban insuficientes y superficiales. Pues todo cambio en la Iglesia como en la sociedad implica, tarde o temprano, plantearse la renovación de las motivaciones que inspiran las nuevas estructuras, métodos y acciones. Sin motivaciones arraigadas, vivas y explícitas, ningún grupo humano, institución o sociedad puede resistir largo tiempo y, mucho menos, renovarse. Las motivaciones responden a los «porqué» fundamentales de las opciones, de las empresas, de las exigencias, de la misma razón de ser de la institución.

Para la Iglesia, las motivaciones son más que esenciales; son su sello de identidad. Los «porqué» de su organización y de su acción no se explican decisivamente por las ciencias humanas o la pura racionalidad histórica: tienen a Jesús y su Evangelio como la motivación global, imprescindible y dominante. Es la motivación del Espíritu, que como decía, Juan Luis Segundo, “es Dios al ritmo de la historia”. Por eso hablar de motivaciones en el cristianismo es hablar de mística, de espiritualidad. La renovación institucional y funcional de la Iglesia requiere una renovación de su mística. La espiritualidad es la motivación que impregna los compromisos de vida, es el aliento que empapa e inspira el compromiso, la motivación del Espíritu.

La espiritualidad no es una ciencia o una praxis más en la Iglesia. Es la «savia» de la pastoral, de la teología y de la comunidad, cualquiera que sea su «modelo». Creo que los impulsores de la renovación, no pocas veces, hemos estado más centrados en el método, en la organización, en las reuniones…, que en esa “savia espiritual”. Basta que los agentes de pastoral nos preguntemos sinceramente, qué es lo que más ha ocupado el tiempo en el acompañamiento de las actividades y los proyectos.

En la dinámica de presentación y acompañamiento de los proyectos creo que hubo un olvido,  o una ligereza, que la espiritualidad es la fuente de la que deben brotar los proyectos y no tanto su aceptación o eficacia. Pero hay algo más significativo, la espiritualidad que se ha seguido practicado es la «tradicional», que está relacionada con otra visión de la fe y la misión, pero es discordante con las nuevas experiencias eclesiales que se estaban promoviendo. En estas condiciones la espiritualidad no motivaba, y se hacía irrelevante, y, en algunos casos, terminaban por abandonar el camino iniciado con los proyectos. Una mística, que no nutre la experiencia humana deja de tener significación; una espiritualidad ajena al modelo eclesial que se declaraba lleva a la crisis. Es curioso que después de muchos años de servirse de los proyectos, las parroquias y las diócesis se estén planteando la necesidad de un nuevo anuncio de la fe cristiana (nueva evangelización).

Tenemos que tener muy presente, que lo que constituye la espiritualidad de una persona (comunidad o pueblo) es lo más hondo de su propio ser: sus «motivaciones» últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la que vive y lucha, con la cual contagia a los demás. Es como el agua que riega todas las acciones, relaciones, encuentros, celebraciones de la vida personal y comunitaria.

Toda persona tiene que enfrentarse con el misterio de su propia existencia. Tiene que optar ineludiblemente por unos valores que den vertebración y consistencia a su vida. De una manera u otra ha de elegir un punto sobre el que construir y articular la composición de su conciencia, su toma de postura frente a la realidad, dentro de la historia. Es la opción fundamental. Y lo genuinamente religioso es esa profunda opción fundamental, esa humana profundidad, antes de todo dogma y de todo rito, de toda adscripción a una confesión determinada. Porque en esa opción fundamental la persona define qué valor coloca en el centro de su vida, cuál es su punto absoluto, cuál es su Dios, o su dios. El gran maestro Orígenes decía que «Dios es aquello que uno coloca por encima de todo lo demás».

En este sentido la espiritualidad es lo que precede y acompaña a la persona y al grupo en su vida y acción, no son unas prácticas puntuales, aunque necesitará de momentos, tiempos y dedicación especial en que se exprese explícitamente aquello que nos mueve y anima. En ese sentido la espiritualidad prevalece a la pastoral.

Sin duda alguna, la experiencia de los proyectos pastorales, que nuestro Grupo Promotor ha suscitado con gran entrega y acogida, ha contribuido también a sentir la necesidad de revisar y actualizar las Ejercitaciones como expresión máxima de nuestro carisma. La Ejercitaciones son una experiencia de fe, un encuentro compartido en el seguimiento de Jesús, en el que animados por el Espíritu de Jesús, discernimos los signos de los tiempos. Las Ejercitaciones son la fuente de nuestra espiritualidad. Es por eso que las “Ejercitaciones», desde siempre, han puesto el centro de atención en la “espiritualidad” más que en la acción. Somos más un Servicio de Animación Espiritual, que comunitaria. Nuestro servicio quiere contribuir a favorecer la conversión profunda de la Iglesia y la transformación más hondamente humana de la sociedad.

 

Guía para reflexión personal e intercambio

  • Que te llama más la atención
  • Cuál es mi experiencia de la relación entre espiritualidad y acción  pastoral.

 

4 comentarios sobre “La espiritualidad prevalece a la pastoral”

  1. ¿Que te llama más la atención?
    «…la espiritualidad de una persona (comunidad o pueblo) es lo más hondo de su propio ser: sus «motivaciones» últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la que vive y lucha, con la cual contagia a los demás. Es como el agua que riega todas las acciones, relaciones, encuentros, celebraciones de la vida personal y comunitaria».
    Me quedo con esta frase, para mi es el núcleo de lo que hacemos hoy, hasta ahora, como Movimiento gracias a las Ejercitaciones puestas para estos momentos que estamos viviendo como humanidad.
    Este ejercicio de manera incipiente hablando de mi y con osadía me atrevo a decir que para la mayoría, es necesario hoy, no es sencillo «vivir desde dentro», pero me parece que es un camino que debemos realizar para empezar a cambiar nuestra vida y la vida que está a nuestro alrededor.

  2. Merci pour ce texte sur la nécessite de la spiritualité dans la dynamique du renouvellement de l’Eglise.
    la Spiritualité dont cette Eglise a besoin doit être incarnée, qu’elle prenne en compte les aspirations les plus légitimes et profondes de la personne humaine dont la vocation ultime est vivre en Dieu.

  3. Por experiencia vivida en el proceso de evangelización y renovación puedo afirmar que sin un fundamento formativo sobre la espiritualidad, la vida pastoral se va convirtiendo en una serie de acciones muy bien realizadas pero que a la larga nos van cansando porque son bien exigente, si queremos ofrecer un servicio de calidad e integral.

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