¿Habéis dicho ejercicios?

 

 

Por mi parte reconozco que me ha costado descubrir su dimensión más profunda, tal vez por mi manera activa de ser, quizás por el activismo de la sociedad occidental, o por la formación recibida. A mí me hablaron mucho de la oración, pero no me ayudaron a ejercitarme en ella. Estudié mucha teología, pero nadie me ayudó a digerirla. Lo cierto es que en mi servicio pastoral, durante bastante tiempo,he dado prioridad a informarme y formarme para después transmitirlo con una pedagogía activa. Hoy he tomado conciencia, y estoy convencido, que si no hago previamente “ejercicio”, es decir, sino lo asumo y lo hago mío, difícilmente podré trasmitirlo.

 

Todas las personas, no importa la edad, reconocemos que el ejercicio nos hace bien. Si nos atenemos a lo que significa la palabra “ejercicio”, del latín, “exercitium”, se trata de la acción de ejercer, ejercitar o ejercitarse. Estos verbos se refieren a practicar una actividad, un arte, un oficio o una profesión.

 

Cuando hago ejercicio físico, y lo hago todos los días, estoy sintonizando con mi cuerpo y mis  sentidos para percibirlos plenamente vivos. Además de mejorar mi salud cardiovascular, me siento más despierto y activo. Cuando hago ejercicio espiritual, que también hago todos los días, pongo en marchala atención a mi mundo interior, hago silencio para armonizar mi cuerpo y mi espíritu, me escucho, escucho a las otras personas, a la naturaleza y a Dios y me siento más vivo. Además de mejorar mi espíritu, me siento más persona en relación.

 

El mismo san Ignacio, a la hora de hablar de los ejercicios espirituales, utiliza una analogía aludiendo a los ejercicios físicos: así como para entrenar el cuerpo deben reiterarse ciertas actividades corporales, tales como correr, pasear, caminar, así también para “entrenar” el espíritu es necesario hacer ejercicios espirituales, tales como meditar, contemplar, orar, dialogar, compartir…Correr, caminar, nadar… son cosas muy distintas si sólo nos dedicamos a mirarlas. Lo mismo ocurre con los “ejercicios espirituales”: no son para «mirar», sino para «hacerse». Tampoco son un tiempo de estudio. Son una actividad a veces fácil y gratificante; otras será una actividad que exigirá paciencia, constancia y fidelidad por encima de todo.

 

Los humanos maduramos en la medida en que sabemos conjugar la autonomía e independencia con nuestro tender hacia los otros, hacia el Totalmente Otro. A mediados del siglo pasado el P. Lombardi asumió en las Ejercitaciones el desafío de hacer experiencia a la vez, de estas tres dimensiones (autonomía, independencia y tender hacia el otro); lo expresa claramente cuando dice:”Me parecía que son muchos los que quieren ir a Dios solos, aún con total entrega, y sólo “después” conciben el deseo de unirse por Él con los hermanos. El sistema de reforma al que toda mi pobre vida me ha llevado quiere evitar aquél “después”, quiere buscar el que vayamos directamente a Dios junto con los hermanos, y esto ya durante el retiro espiritual” (MF).

 

Cuando se habla de “ejercicios”, en el ámbito de la Iglesia católica, todo el mundo entiende que se refiere a los “Ejercicios espirituales de San Ignacio”, que tanto han aportado a muchos hombres y mujeres y a la misma Iglesia. Estos se entienden como unas prácticas, es decir, como tarea personal y exclusiva del ejercitante.

 

Los Ejercicios espirituales, según san Ignacio, los hace un individuo acompañado por un guía, mientras que las Ejercitaciones, según Ricardo Lombardi, los hace un conjunto de personas acompañados por un equipo. Tienen, pues, en común que quieren ser una “experiencia viva y significativa” de encuentro con el Señor, como sentido definitivo de la vida y de la historia. La diferencia está en que los Ejercicios buscan avivar, renovar, reorientar la opción fundamental de la vida personal a la luz de Cristo. Mientras que las Ejercitaciones buscan que un grupo de personas se ejerciten en avivar, renovar, reorientar las relaciones consigo mismo, con las personas, con el mundo, a la luz del Espíritu de Jesús y su propuesta de construir “ya” el reinado de Dios.Las Ejercitaciones no son una alternativa a los Ejercicios de san Ignacio, ni se oponen a ellos, quieren ser un complemento a los mismos.

 

Podríamos decir que las Ejercitacionesson un ejercicio de escucha y de intercambio: Cada persona tiene que escucharse, escuchar a las otras personas y, en medio del intercambio, escuchar el Espíritu de Jesús. En síntesis podríamos traducir hoy, después del camino que venimos recorriendo para actualizarlas, como un “Ejercitarme… con otras personas… en el Espíritu de Jesús de Nazaret”.

 

Ejercitarme…

 

Escucharme a mí mismo es el primer paso para tomar conciencia de mi diálogo interior. Escucharme significa conocerme, experimentar el misterio de lo que realmente soy; estar al tanto de lo que favorece y ayuda a mi salud física, mental, emocional y espiritual. Significa también facilitar el desarrollo de mi potencial creativo, mis talentos y mis dones. Supone un cierto dominio de mis estados anímicos, de mis pensamientos, deseos, sentimientos, aspiraciones y motivaciones; confrontarme con mi debilidad, mis limitaciones y mis faltas. Esta es mi vida cotidiana, la que muchas veces ignoramos y no atendemos y nos dejamos llevar por el rol, la función que realizo, pero que no soy yo, pues yo soy más que lo que hago. Lo cotidiano es lo que se da antes de las diferentes dimensiones de la vida: la economía, la sociología, la psicología, y hasta la religión…, puesto que da lugar a la singularidad de cada persona y a la diversidad.

 

Hacer el relato de lo cotidiano equivale a dejar acontecer la vida más personal. La experiencia, son los hechos vividos y habitados; es decir, la experiencia verdaderamente es experiencia sólo cuando acontece con la palabra.La escucha serena y sosegada de uno mismo es un buen ejercicio que requiere tiempo y silencio; de forma que en la medida en que me escucho comprendo un poco más a las demás personas, puedo ponerme en el lugar del otro y comprender mejor como se siente.

 

… con otras personas…

 

Pero no sólo es necesario articular la palabra. También se necesita quien la escuche; alguien, que con respeto y honestidad, vaya recibiendo las palabras. No se puede ser plenamente sin las palabras, pero tampoco se puede ser plenamente sin alguien que reciba esas palabras, y ese alguien tiene que ser alguien específico, con nombre y apellido.

 

Saber escuchar a otra persona es más que oír palabras que se quedan en el aire. Es mostrar interés por cómo se siente la otra persona. Esto significa dejar a un lado el propio mundo vivencial, para adentrarse en el de la otra persona. Escuchar al otro es una atención solícita de todo mi ser al ser del otro en toda su vida, en su lucha y su misterio, sus gozos y sus sufrimientos. No escuchamos “algo” sino a “alguien”.

 

La compenetración entre dos o más personas se lleva a cabo de manera más real y eficaz en el inter-cambio, es decir, cuando el hablar es fruto de escucharse mutuamente,  y que a su vez, invita a una escucha más honda. Elejercicio de escucha hecho en común y para el bien común, es muy apropiado para la fraternidad cristiana, como tal fraternidad, pues ofrece ejercitarse en la vida cristiana juntos, en unidad abierta a lo universal. 

 

… en el Espíritu de Jesús de Nazaret.

 

El desafío de la espiritualidad es “dejarnos guiar por el  Espíritu de Dios que vivifica y anima desde dentro a todos los seres y todas las cosas”.Es necesario tener  presente que esa acción del Espíritu es un don gratuito que se nos ofrece, por tanto es algo que recibimos.

 

Pero ¿cómo actúa el Espíritu en nosotros? Hay que tener presente que el Espíritu es la fuerza de Dios que actúa “en” mí, “en” cada persona, y no “sobre” cada persona, como sustituyéndola o alterándola desde fuera por arte de magia. El Espíritu de Jesús se manifiesta en mí,en mis pensamientos, sentimientos, deseos, aspiraciones, comportamientos y reacciones, no diciendo lo que tengo que sentir, hacer o desear, sino animándome, moviéndome. El Espíritu de Jesús de Nazaret mueve mi corazón, y me mueve en la dirección de Jesús, invitándome a seguirle y ser testigo con signos y hechos, de que el reinado de Dios ya ha comenzado con él,  y que es posible un Mundo Mejor.

 

Pero una cosa es vivir “en el Espíritu”, en cuyo caso todo depende del Espíritu, poco importa saberlo o no, y otra cosa es “vivir conscientemente abiertos a la presencia del Espíritu” como nos propone la tradición cristiana. Pasar de una a la otra manera de vivir, es lo que se pretende favorecer mediante el “ejercicio”. El intercambio que se realiza entre las personas se califica entonces de “espiritual” porque hace intervenir explícitamente a un “tercero”, al Espíritu del Señor.

 

Precisamente es ahí, en ese intercambio abierto al Espíritu, donde el evangelio se hace actual, se pone al día, ya que el evangelio es un relato que nos permite hacer nuestro propio relato de vida. La palabra evangélica es una palabra entre “tú” y “yo”, no es una doctrina, ni una explicación para iluminar la realidad. Es evangélica en la medida en que yo “te” relato aquello que “yo” vivo a propósito del evangelio, y que se convierte en Buena Noticia para “ti”, pues despierta, sugiere, invita, llama… a algo vivo y nuevo.

 

Ejercitarme… con otras personas… en el Espíritu… no es solamente un “ejercicio”, una tarea que  realizo puntualmente en un tiempo y un espacio, sino que genera en mí un dinamismo que me invita a traducirlo y manifestarlo en un estilo de vida, que tiene como referente de humanización a Jesús de Nazaret.

 

Nacho González

 

Para reflexión personal e intercambio

 

  • Qué me llama la atención…
  • En qué medida las “ejercitaciones” me ayudaron y me ayudan a crecer como persona en relación…
  • Cómo percibo la presencia del Espíritu en el intercambio espiritual…

 

 

Un comentario sobre “¿Habéis dicho ejercicios?”

  1. Demasiadas veces vivo desde el hacer más que del ser, me doy cuenta que algo no funciona, y reflexiono, me paro, hago cambios pero muchas veces son poco duraderos en el tiempo o superficiales, confieso que lo que realmente me cuesta es realizar cambios en lo profundo.
    Entiendo que darme cuenta ya es una paso positivo.
    Ejercitarme en conocerme tanto física como en mi yo más intimo es realmente un reto. Y además descubrir que eso va íntimamente ligado con el ejercitarme con otros para mostrarme , y para que se me muestren , para escuchar y para sentirme escuchado, para sentirnos próximos unos de otros, eso es dar un paso más y una tarea que requiere ejercicio.

    Y en ese ejercicio es donde acontece como dice Nacho un intercambio abierto al espíritu que es lo realmente transformador. No son doctrinas , métodos o ideas , es vida habitada por el Espiritu , que anima,que inspira, que mueve. Son actitudes son respuestas, pensamientos….. es un estilo de vida cuyo referente es Jesús de Nazaret y su evangelio y si es Buena Noticia para mi, porque se hace vida en mi día a día, también es buena noticia en mi entorno próximo y ese mundo grande y global del cual soy una pequeñísima parte.
    Haciendo esta reflexión me doy cuenta de que estoy en camino, que avanzo, que esto tiene sentido, que el Espíritu de Jesús me anima y que este camino es apasionante y transformador.

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