Buenos días (Alégrate)

Las sensaciones de incertidumbre que envuelve los espacios humanos que me arropan, y en otros momentos me oprimen, son desde donde escribo y comparto. Es lo que siento en estos días cuaresmales y pre-pascuales. Protegido –eso pretenden- y oprimido, por su avalancha de opiniones encontradas de un terror ya establecido en los medios de comunicación que, al llenarnos de miedo y terror, logran una paradójica incomunicación. Es el terror de la incomunicación. La pandemia nos lanza al descubierto. ¿Quién está preparado para la posibilidad de una catástrofe sin límites? Fue el pasado miércoles 25 de marzo que la curia diocesana anuncio la suspensión de todos los eventos públicos que incluían la semana santa. La incredulidad de los rostros de mis interlocutores, la invitación a dialogar para expresar lo sentido, las palabras regaladas que nos otorgamos me lleva a compartir escribiendo mis sensaciones.   Ante las preguntas con sospecha de si es real todo lo que se dice en los noticiarios, ofrecemos nuestras débiles respuestas: sí, la enfermedad, el contagio, la muerte… es real. Hoy descubrimos que al cuidarnos del posible contagio, cuidamos en perfecta solidaridad, a los otros. “Al cuidarme te cuido”.

La sospecha de quién coordina el gobierno local, nacional e internacional es lo que “perrea” e indigna a muchos de mis apalabrados y oyentes compañeros de camino. El uso político de cualquier dato o información para atacar por “quién yo no vote” y sacar raja política a favor de “quién yo si vote” hace patéticas las luchas. En nuestro México cae como una losa la desconfianza en quien coordina el gobierno, todo gobierno. Aunado a eso, viene como una sombra la tragedia de ser vecinos de un país donde su política económica, hace todo para negar y sobajar a los que somos distintos. Estos elementos nos llevan a crear un ambiente enrarecido en extremo. Y en medio del ambiente disperso y confuso leímos y dialogamos el texto de Lc 1, 26-38: Alégrate, favorecida, el Señor está contigo. El Alégrate es la fórmula que hace Lucas expresando lo que era un saludo ordinario en su ambiente. Nosotros los creyentes nos llamamos Alegría, ese es nuestro saludo de reconocimiento. Esa es nuestra identidad. Estamos celebrando (en la libertad del calendario litúrgico) nueve meses antes del nacimiento de Jesús. Es el Anuncio de la presencia absoluta de Dios en la carne humana. Presencia que significa una Palabra que se hace Carne que descarta los temores: No temas, María –Mujer, Humanidad, raza humana- pues encontraste favor ante Dios. Y mira –mírate, descubre en ti, dialoga contigo, escruta en tu interior, reconócete, asúmete, disfrútate- concebirás en el vientre, y darás a luz un hijo… Y nos lanza a la felicidad, al descubrimiento de la Dignidad única y compartida: Este será grande y será llamado… Y es aquí donde pude leer las palabras de Francisco, hombre ordinario colocado como Papa de nuestra iglesia única y pecadora, al redescubrirnos lo esencial del cristianismo. Una palabra sencilla que se aleja del primer testamento y de la justicia neurótica de un dios-si, con minúscula, sin grandeza- castigador y justiciero que nos invita a entrar a un momento de brillantes decisiones:

“Nos llamas –Señor- a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”.

Así de sencillo y profundo. Como la mirada implacable de un niño que hace un “juicio” para penetrar lo que desde dentro nos hace humanos. Los rostros de los niños son reveladores de nuestra humanidad profunda. A mí en lo personal los niños me facilitan entrar en mí mismo y encontrar torrentes de alegría y esperanza. Son los rostros de esos niños que miran todo y todos y hablan su palabra original: “Este año Jesús no morirá en la Cruz padrecito”, me decía uno. Otro me decía que “porqué ya no hay recreo en la misa (saludo de la paz)”. Y entonces la creatividad que dice el Papa (darle espacio a la creatividad) me invadió: Daremos el saludo con tres choques: Codo derecho, Pie derecho y pompa derecha. Y vino la fiesta de los sencillos. La celebración, la última publica hasta nuevo aviso, se ilumino con sonrisas espléndidas, con rostros de adultos en flores infantiles: codo, pie y pompa; codo pie y pompa.

El Papa Francisco apunta en este tiempo –ya Pascual-: “Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad”.

Es la Alegría que recobramos cuando hablamos desde lo profundo de nuestro Corazón. Fraternidad que nace de una Palabra que se narra desde dentro y se comparte en la Escucha atenta. La vida compartida que se narra -desde dentro- y se recibe –escucha atenta- es más.

Es la Alegría que nos llena de Esperanza concluye Francisco: “En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.

Gracias Señor: #yonotengomiedo

Víctor.