Equipos de Servicio Pastoral

Una de las carencias que constatamos, con más frecuencia, en la acción pastoral es el trabajo en equipo. Todos sentimos su necesidad, pero a la hora de realizar cualquier servicio pastoral, se da más la anarquía que la colaboración, el individualismo que la cooperación. Y no es por mala voluntad, al contrario hay demasiada buena voluntad, pero se nos ha informado más sobre lo que tenemos que hacer, que el cómo y con quién lo hemos de hacer. No se le ha dado la importancia debida a la “formación del equipo” como tal, más bien se ha dado por supuesto, por lo que fácilmente se cae en el activismo o en la falta del sentido y motivación de sus integrantes.

Hoy se siente la necesidad del trabajo en equipo en todos los campos la actividad humana. No se comprende una iniciativa, un proyecto, una empresa humana que se asiente sobre la base de un equipo y, no sólo buscando la eficiencia sino también la misma realización de las personas que participan en llevarlas adelante. Esto también es verdad en la actividad pastoral, pero en ésta hay un plus, un motivo más profundo, y es la necesidad de ser coherentes entre lo que decimos y la forma como vivimos. El servicio, todo servicio eclesial debe brotar de la “caridad” vivida, tiene que ser expresión manifiesta de aquello que nos da sentido. Juan Pablo II lo dice claramente: “Es la hora de una nueva “imaginación de la caridad”, que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno” (NMI 49).

Se pretende, pues, contribuir a paliar la carencia de la “formación” de los equipos que prestan un servicio en y desde la Iglesia. No se busca solamente que sean equipos eficientes, sino que ante todo se pretende que sean equipos significativos por el modo y el por qué hacen las cosas, es decir, que vivan la espiritualidad evangélica y expresen la comunión eclesial, así no sólo realizarán un servicio, que es importante, sino que también, por su modo de hacer y vivir, serán evangelizadores.

 

Por eso pretendemos que:

Los agentes de pastoral tomen conciencia de la necesidad de la “formación” de los equipos de servicio, viviendo una experiencia compartida, mediante la reflexión, el diálogo y la oración, de forma que los participantes se habiliten para iniciarlos y/o renovarlos. 

P R O C E S O

I.- Nivel de RELACIONES

  1. Presentarnos y acogernos
  2. Compartir éxitos y fracasos
  3. Compartir aspiraciones y necesidades
  4. Acoger los sentimientos

II. Nivel de IDEAL

  1. Introducción:Espiritualidad del servicio.
  2. Para configurar el Ideal de equipo:

a) Los valores que nos identifican.
b) Observar y contemplar la realidad.
c) Expresar la visión del equipo.
d) Conocer el servicio.
e) Declaración y opción por la misión.

 III.- Nivel de TAREA

  1. Organización de la vida del equipo
  2. Planificación de la tarea

IV.- Nivel de CONVOCACIÓN

  1. Elaboración de una propuesta
  2. Elaboración de los criterios de selección
  3. Encuentro con los seleccionados
  4. Opción personal y como grupo

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