Signos de los Tiempos. Escucha compartida de la realidad

Qué entendemos por signos de los tiempos

Hay dos visiones del tiempo. Una primera según la cual el tiempo es la “sucesión de momentos”, sin dar a los mismos ninguna cualificación. Es el tiempo cronológico que no es más que una referencia que necesitamos para orientar nuestros actos: “ya es hora de…”, “todavía falta un poco para…”, “dentro de media hora…”… Es lo que podríamos llamar el tiempo real de acuerdo con el reloj.

Una segunda visión es el tiempo como “acontecer”. El ser humano es y se hace a la vez. El hecho de que el mundo exista en el tiempo y no solamente en el espacio significa que el mundo no está acabado, y que él continúa creándose. En ese aspecto el tiempo es una realidad cargada de sentido y significado, por tanto es algo que tenemos que reconocer y acoger. Este es el tiempo humano. Por eso podemos afirmar que es propio de la condición humana tener que “auscultar, interpretar las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas” (GS 44)… Pero este proceso lo tenemos que vivir en tres ámbitos íntimamente relacionados: personal, social y teológico.

El tiempo personal está marcado por un ‘reloj interno’ que se va señalando con hechos y situaciones de particular significado para cada persona. Es un tiempo interior que no se rige por el paso de las fechas sino que se decanta con otros ritmos y cadencias y sigue otros senderos. Es el tiempo en el que cada persona vive, crece, ama, sufre, goza… Es en el tiempo donde nos reconocemos, es nuestro propio espejo. Cada persona, pues, está llamada, en la medida de sus posibilidades, a vivir el tiempo como una oportunidad, viviendo para ello el proceso al que antes aludíamos.

El tiempo social, que no es el tiempo histórico aunque de alguna manera influya en él, está marcado por el acontecer social, cultural, político, estructural… Las personas tenemos que aprender unas de otras a situarnos en la ‘casa común’ que es el mundo y a comportarnos ante los acontecimientos y frente a las realidades de manera consciente y profunda, dando respuesta, a la vez, a lo que somos y a lo mejor que podemos dar. Mediante el intercambio y las relaciones fraternas, como humanidad, somos llamados, en el tiempo social, a vivir el proceso de auscultar, interpretar y valorar los acontecimientos, que por su universalidad y frecuencia caracterizan cada época.

El tiempo teológico es cuando el creyente reconoce que ese tiempo personal y social está habitado por la presencia del Espíritu del Señor y que cada momento es una revelación de esa presencia. Dios no se revela desde lejos y desde fuera, sino desde dentro del ser humano; en su conciencia y en su cultura, mediante personas y acontecimientos. Por eso el Pueblo de Dios -y en él cada cristiano y grupo cristiano- tiene que vivir en el tiempo este mismo proceso: “auscultar, discernir e interpretar con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlos a luz de la palabra divina, a fin de que la verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada” (GS 44).

Para vivir el tiempo como acontecimiento y descubrir la presencia del Espíritu en los distintos momentos de la vida, es necesario ejercitarse en este Itinerario.

I T I N E R A R I O

Primer paso: La experiencia de la vida, tan rica y solicitante…

Intercambio sobre:

  1. La invitación y las preocupaciones
  2. Lo que cada persona vive
  3. Lo que pasa entre nosotros
  4. Lo que constatamos del entorno

Segundo paso: La Palabra que abre posibilidades…

Intercambio sobre:

  1. Sobre lo que nos hace vivir, lo que me mantiene en la vida
  2. A la escucha del Evangelio

Tercer paso: Volver sobre la experiencia…

Intercambio sobre:

  1. Reconocemos los signos de los tiempos

Cuarto paso: Para abrir nuevos horizontes…

Intercambio sobre:

  1. Sobre la abertura de posibles pistas para el futuro…
  2. Relectura de todo el itinerario

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