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Ejercitarme con otros…

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1º Me dejo afectar y me aproximo a)

a) Compartir experiencias

El primer trato con la realidad es afectivo: las ventanas de los sentidos son las que provocan en mí los sentimientos. La misericordia es un hábito del corazón que comienza su andadura en el simple hecho de prestar atención, dejarse afectar, interesarse por la situación de otras personas, cargar con la realidad para poder encargarse de ella. Es la compasión, por la cual quedamos afectados “por la desgracia o mal que otra persona padece”.

Lo primero que tengo que hacer, en este primer paso, es centrarme en la situación que vive la persona o personas haciendo una breve descripción de la misma. Después trataré de ver como vivo y que siento yo ante dicha situación. Los cuestiones que siguen no se tiene que tomar como preguntas a responder y punto, sino más como pistas que pretende sugerir, despertar tanto lo que vive la persona en situación, como lo que yo vi o vivo la primera aproximación…

  • ¿Qué situación o situaciones estoy viviendo o quiero yo tomar en consideración para vivir este itinerario? (Elegir una situación y hacer una breve descripción de la misma).
  • ¿Cómo me he aproximado o me estoy aproximado a ella? ¿Cómo vivo ese acercamiento a la persona o personas necesitadas? ¿Qué sentimientos se despiertan en mí? ¿Qué resistencias tengo yo al aproximarme?
  • ¿Cómo soy recibido y qué resistencias encuentro en la persona o personas?

6 comentarios para “1º Me dejo afectar y me aproximo a)”

  • Cristóbal:

    Voya a comentar alguan reflexión que durantes estos días me ha surgido al tratar de trabajar sobre este primer paso.

    Al oír miseria y misericordia, siempre pensaba en situaciones de pobreza económica. Sin embargo al reflexionar me han surgido muchas otras situaciones que sin ser especialmente de dureza económica, sin embargo presentan una miseria con déficits personales, de enfermedad, de incapacidad para valerse por sí de debilidad, o simplemente de soledad y abandono.
    • También me ha hecho plantearme ¿por qué a mí me conmueven muchas situaciones, pero sólo me producen malestar e intento evitarlas? ¿Por qué a veces me siento mal cuando tengo que atender a quien lo necesita?
    • Voy a narrar situaciones cercanas:
    o Cuando bajo en coche o andando, suele estar un inmigrante de piel negra en el semáforo al final de la calle, es simpático y suele vender pañuelos o pedir algo.
     Durante bastante tiempo, me limitaba de vez en cuando a darle alguna moneda o comprarle un paquete de pañuelos o un ambientador.
     Me he hecho el propósito de acercarme a él cuando he ido caminando, saludarlo, no me he atrevido a más, quiero hablar con él, preguntarle por su vida. Etc.
    o Otra situación cercana es la de alguien cercano en el barrio que ha estado y está pasando una mala situación económica y familiar, pero que lo que más necesita es alguien con quien compartir un rato sus preocupaciones. Aunque ahora económicamente está con dificultades, sin embargo no es alguien indigente. En principio por respeto humano hacia él no lo veía el ofrecerle ayuda económica, yo pensaba que se iba a sentir agredido, sin embargo no ha sido así.

  • Nacho:

    En el verano de 2015, estando supliendo el cura de mi parroquia, tuve la ocasión de conocer a un joven transeúnte. Durante la semana que me hice cargo de la parroquia el joven solía acudir puntual antes de la misa vespertina. Cuando pasé yo por la puerta de entrada al templo él estaba apoyado y medio ladeado moviendo un bote que tenía en la mano derecha como diciendo, sin decir: “¡Oye que estoy aquí, a ver si echas unas monedas!”. Ciertamente llamó mi atención y hasta despertó un cierto sentimiento de repulsa y desconsideración. Fue al tercer día cuando al cerrar la puerta tuve ocasión de intercambiar unas palabras sin tratar de averiguar cómo siendo tan joven estaba pidiendo. Él me dijo abiertamente a ver si, como cura, me mojaba y le daba algo. Tal vez esta reacción suya acrecentó en mí aún más el rechazo. Le dije que no llevaba el bolso y no tenía monedas para darle, pero de manera fría y distante.
    Esa misma noche antes de acostarme me vino a la mente la escena y surgieron algunas preguntas; me vino a la memoria una frase de mi amigo Richar, cuando en una ocasión después de haber dado unas monedas a un hombre de la calle, me dijo: “siempre le doy algo pues estoy seguro que lo necesita, no me preocupa lo que haga”… Lo cierto es que tome la decisión de hablar y darle algo… Este gesto de acercamiento fue el que dio un giro a nuestra relación. Yo cambié en cuanto me aproximé y me puse a la escucha. Desde ese momento se inició una relación singular.
    Sin duda este acercarme y romper barreras es el eslabón que ha desencadenado toda una serie de acciones, gestos, palabras que me ha llevado a superar la indiferencia fría y distante y abrir la puerta al encuentro…

  • Maria Mar:

    Cuando empecé a hacer este ejercicio no se me ocuría nada.
    Me esforcé por concentrarme y en seguida descubrí una persona, cercana a mi,que tiene un problema familiar.
    ¡ Es curioso como la mente pasa por encima de la realidad sin percibirla. Es como si vieramos “nublado”!
    Estos dias cuando la veo procuro estar cercana. Descubro la necesidad que tiene de hablar. Yo poco la puedo ayudar pero la escucho con gran atención (como venimos aprendiendo). Noto su angustia, su impotencia…Me hago el propósito de estar ahí, con ella.
    No se hasta donde llegaremos, pero siento que me he dejado afecta, como dice el titulo.

  • ANTONIO CABRERA:

    Este verano, nos reunimos a cenar, como solemos hacer desde que nos hemos jubilado, el grupo de maestras/os que hemos trabajado juntos mas de 20 años, (cada vez somos mas) y decidimos que como tenemos tiempo de sobra podriamos hacer algo y algo que sabemos hacer; enseñar. Despues de muchas reuniones y pedir ayudas, implicar a mas gente etc. El resultado ha sido el siguiente. Atendemos a unos doce niños/as en edad es Les ayudamos con sus tareas, les damos merienda, les inculcamos hábitos de higiene, buenos modales, valores, convivencia, respeto, etc. teneemos un tiempo de ocio en el cual jugamos con ellos, les respetamos, les escuchamos, les damos besitos. Y solamente en mes y medio que llevamos ya hemos notado un cambio en la actitud de todos y cada uno.

    Al principio no querian venir y ahora lo están deseando. Me remito a lo que ha dicho Cristobal que no solo hay necesidades economicas, sino de cariño, de que hay alguien que te tiene en cuenta, que es lo que yo creo que les pasa a estos niños/as. Creemos que en las escuelas han notado algo porque la asistenta social nos ha dicho que sigamos adelante que lo hacemos muy bien.
    Esto nos ha alegrado mucho, no por la felicitación, sino porque esas personitas se sienten bien, que es lo mas importante, y de alguna manera nos da animos y ganas de seguir adelante. Grecias por escucharme. no se si va bien con lo que estamos tratando.Besos, Pepita

  • Ana:

    Hace algunos años, recibí una llamada: una amiga mayor que vivía con una señora que la cuidaba y de la que tenía una gran dependencia, se había caído y después de un tiempo ingresada en un centro hospitalario estaba en una residencia que no reunía condiciones
    Cuando contactamos con ella un grupo de amigos y amigas para atenderla,
    nuestra primera actuación al ir a visitarla, pensando siempre en dar respuesta a sus necesidades personales, fue sacarla de aquella residencia y buscar otro espacio más adecuado.
    Después de buscar varias residencias la llevamos a una bastante buena, donde solo estuvo dos semanas ya que las personas que estaban allí tenían que ser válidas y nuestra amiga era dependiente en ese momento.
    Durante estas dos semanas, fuimos gestionando el despido de la mujer que la cuidaba (cosa difícil y desagradable), su economía que estaba en deuda teniendo una buena pensión.
    Posteriormente encontramos una residencia mas pequeña con un buen ambiente familiar. Allí continua y el grupo seguimos cerca de ella.
    Agradecemos a los profesionales amigos que nos ayudaron en estos momentos. Ella es conocida y querida aunque no tiene familia en la ciudad que vive, solo una hermana muy mayor lejos y con poca posibilidad de encontrarse.
    Ana.

  • Maite:

    Quiero compatir como conoci a Dessy. Mujer congoleña, que salió de su país hace 17 años, que hace 11 que vive aquí, que espera conseguir pronto su pasaporte y que tiene muchas esperanzas en que su vida, con cada paso que da, va a ser mejor.
    La conozco cuando me jubilo y entro a formar parte del Equipo de Acogida en mi parroquia. Cada mes le ayudamos con unos euros y por el informe que tenemos me entero que se dedica a hacer la calle, como ella lo cuenta. Le dedicaba unos pocos minutos. Me quedaba la sensación de hacer una labor de administración, más que de acogida. La primera sensación que tengo es de impotencia por no poder saber qué más puedo hacer para ayudarla. Durante todo el mes la recuerdo y pienso en ella. Reflexiono si lo urgente a veces no nos permite dedicarle tiempo a lo importante.

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