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Ejercitarme con otros…

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2º Le reconozco y acepto en su situación a)

a) Compartir experiencias

El que sufre no debe considerarse como objeto de compasión, sino como un sujeto humano con unas exigencias de dignidad que la misericordia activa. Ser misericordioso consiste en establecer una relación de reciprocidad que no es simétrica. Vincular la compasión con el reconocimiento de la capacidad y de la dignidad de la persona que sufre una situación de necesidad es esencial a la misericordia.

Cada persona sigue teniendo como referente la o las situaciones de necesidad asumidas. Trato de ver cómo vivo la relación con la persona o personas implicadas en la situación:

  • ¿Reconozco y acepto a la persona o personas en la situación en que se encuentran?
  • ¿A qué presto más atención a la necesidad o la persona o personas necesitadas?
  • ¿En qué y cómo manifiesto ese reconocimiento y aceptación: palabras, gestos, detalles…?
  • ¿Cómo vivo yo esa relación entre la necesidad que sufre la persona y la persona como tal?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en mí?
  • ¿Qué dificultades e interrogantes me planteo?

 

Puedes hacer tu comentario…

5 comentarios para “2º Le reconozco y acepto en su situación a)”

  • Cristóbal:

    Por lo general me siento más inclinado a ver la situación, la necesidad, que a la persona. Ver la persona siempre me costó. El trabajo que me estoy haciendo va en esta línea. Intento mirar a los ojos de la persona que se encuentra en esa situación. En concreto al fijarme en la relación con la persona inmigrante del que hablaba la semana pasada, he conseguido dar algún paso más y acercarme con mirada abierta, y hablar con él. Sigo con la duda de preguntarle por su situación y su vida, no he tenido ocasión. Voy viviendo este proceso como algo que me va ayudando a modificar mis propias formas de entender las relaciones.
    Los sentimientos que se me despiertan, como ya decía la semana anterior, suelen ser contradictorios, por una parte me remueven interiormente, y en cierto modo me inquietan y “molestan” pero por otra parte están siendo una forma de quererme y querer, en ese proceso está contribuyendo también y con bastante fuerza el contacto con mis nietos (me voy modificando). Los interrogantes no se resuelven solos, sigo con los que ya me planteé la semana anterior, pero sin embargo percibo que este es un camino de trabajo personal que me hace más sensible, más persona y me acerca en cierto modo a seguir el estilo que Jesús con su vida nos señaló como camino a seguir (Él no nos pide grandes cosas pero sí que en nuestra vida cotidiana, funcionemos con el estilo que Él marcó), el resto ya vendrá.

  • Ana:

    Siguiendo con la narración anterior comparto como vamos evolucionando.
    Al aproximarnos a ella, sentimos por un lado agradecimiento y por otro un rechazo ya que su deseo era volver a su casa. Esta situación la vivimos con cierta intranquilidad despertándose en el pequeño grupo sentimientos de dudas acerca de si era acertada la decisión que habíamos tomado. Su insistencia en volver a su casa era constante e incapaz de comprender que no podía estar sola.
    En la actualidad y desde finales de agosto de 2013, lleva dos años en una pequeña residencia donde se ha adaptado y mejorado su nivel de autonomía e integración con otras personas mayores. A veces, vive dificultades con las personas responsables del centro. Siempre ha gozado de plena libertad para organizar su vida y no está acostumbrada a que le manden
    La aceptamos en su situación actual y tratamos de ver en ella a la persona antes que sus peticiones. Ya no manifiesta su deseo de volver a casa y es consciente de que no puede estar sola.
    Demanda compañía, salidas, llamadas telefónicas… procuramos estar presente a lo largo de la semana varios días. No tiene, en la actualidad, dificultades económicas.
    En unas de las revisiones médicas ha sido diagnosticada de Alzheimer. Su evolución es lenta en general, aunque hay días que da un bajón perceptible en su forma de expresarse, tono de voz y estado anímico.
    Su actitud hacia nosotros es de un profundo agradecimiento y muestras de cariño a la vez de un ruego de que nuestra presencia sea más frecuente. Esto nos sigue planteando dudas acerca de la respuestas que le estamos dando y a veces se apodera de nosotros/as cierto cansancio que procuramos que sea pasajero.
    Seguimos estando cerca de ella. Esto está fomentando una relación mas profunda en el grupo.
    Ana.

  • Nacho:

    Pasado algún mes volvimos a encontrarnos en el mismo lugar, la puerta del templo. Esta vez me disposición era diferente, pues antes de entrar en la plaza pensé si el joven estaría en la puerta del templo, tuve un sentimiento de alegría y simpatía al verle de nuevo, creo que él también se alegró. Vino a buscarme y saludarme, aunque yo también tenía la intención y hasta se podría decir que los dos teníamos la misma intención de cercanía.
    Apenas si le conocía, no sabía su nombre, ni de dónde era, ni nada. Pero ahora que estoy escribiendo, reconozco que en ese momento yo no tuve ninguna intención de preguntar nada, simplemente hablamos de los que había sido de nosotros desde la última vez que nos vimos.
    El joven me contó que había hecho algún trabajo, pero que le habían explotado y que pensaba denunciarlo ante la Hacienda, porque le había pagado un señor 4 euros a la hora. También me dijo que quería comprar una bicicleta nueva, pues el siempre acudía con la bicicleta y un pequeño remolque en que, al parecer llevaba todos sus enseres.
    Yo le conté que había estado en el extranjero todo el mes de septiembre en un encuentro de compañeros y compañeras. Le comenté lo rico que es encontrarse gentes de diferentes continentes y, sobre todo, el escucharnos, con todo el problema de las lenguas…
    Quedamos en charlar después de la misa y así lo hicimos.
    Ciertamente este segundo encuentro fue determinante, ahora lo reconozco, como si se hubiera tendido un puente entre los dos. Yo lo aceptaba como era, con sus pelos y su barba, su situación de transeúnte. Mis sentimientos habían cambiado, ahora era sentía una alegría y una paz de quien espera que la cosa continúe. Creo que por su parte él yo le veía que se acercaba espontáneamente, me contaba cosas sorprendentes y chocantes, pero como que le hacían bien…

  • Luisi:

    Yo he comenzado el itinerario en la segunda reunión y esto fue lo que participe:
    Hace unas semanas , he comenzado a ir ayudar en el cotolengo, voy a preparar la comida con otras voluntarias. Ya en la primera semana sentí que ayudar en que la comida sea una realidad al mediodía era un primer paso, sentí que tenía que acercarme a las personas concretas. Hable y se me indicó que fuese por los salones y estableciera relación personal con ellas, así lo hice y contacte con Paca y Julia, ambas personas mayores , la primera válida y la segunda algo menos. Me limité a escuchar, aunque a veces no oía bien lo que me decían pero si percibía su soledad , agradecidas por lo que recibían pero echaban en falta otras cosas. Después de la primera vez, la verdad es que busco excusas para no quedarme, no sé exactamente qué me frena.

    Respecto a ellas no he sentido resistencia alguna, pero yo sí las tengo
    La realidad que vivo es que me es más fácil prqeocuparme de la necesidad más que de la persona. Tras la lectura de este segundo paso, está claro que objetivizo a la persona, casi la identificó con la necesidad.

    También es cierto que me acerco a ella , le pregunto, la escucho, pero no sé si realmente me interesó por ella o solo cubro un tiempo y nada más.

    En mi despierta sentimientos de pena, de sufrimiento, hasta de miedo, no estoy libre de vivir esa misma situación. No acabo de salir de mi e ir a su encuentro, de vivir una experiencia positiva para las dos
    Tras lo escuchado , pienso el jueves llegarme e ir a estar un rato con ellos a dar y recibir lo que en ese momento podamos compartir
    Luisi

  • Maite:

    Comienzo por alargar el rato de su visita mirándola y viendo las muchas cosas positivas que se desprenden de su persona. Muy arreglada, sonriente… Y me dan unas ganas tremendas de que sepa como aprecio esas cualidades, de verdad. Me llama la atención las pelucas que lleva. Le pregunto por ello… Nos reímos mucho. Y así entramos en temas en los que nos decimos lo que nos gusta en la vida y lo que más nos duele. . Tomo conciencia de una realidad tan cercana y a la vez vivida desde la lejanía. ¡Cómo cambia mi visión! Me cuenta la gran aventura de su salida del Congo hasta llegar a Pamplona. Sus expectativas de vida mejor. Las mil dificultades del camino. Seis años tardó en llegar a Ceuta. Su frase es ¡Qué mala es la pobreza! Hablamos de nuestras familias… Y casi sin darnos cuenta nos vamos contando nuestras vidas. Le muestro mi admiración por su coraje. Su ilusión de vivir y por su alegría. Se nos pasa el rato volando.

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